jueves, 9 de febrero de 2012

1980

No fue Mayo del 68.
Nadie escribía graffitis:
¡Prohibido Prohibir!
París era una ciudad lejana
ausente, en una oscura sala
de la Cinemateca Nacional.
A La Habana nunca llego
la primavera, se la llevaron
los tanques mientras Kundera
soñaba con huir.
¿Cuantos barquitos
llegaron hoy?
Una mañana de 1980, escuche
gritos y llantos como ecos
golpes bajos como tambores.
La ciudad amaneció con
marchas, consignas, odio.
Amaneció con sus muros
pintados de rojo sangre
y sangre en la calle
y una cabilla envuelta
como soberbio legado.
Los gritos. La gente gritaba.
Vi un cimarrón en una azotea
blandiendo un machete
Vi a mi padre detenido
en la puerta de casa
ante la certeza de que no era
la noche de los cuchillos largos
pero que estabamos en medio de
una tormenta, en el centro
de un Huracán de miedo
que nos marco para siempre.
Recuerdo estar a mis catorce años
con los ojos bien abiertos
sosteniendo la mano de
mi padre, bajo el dintel de
aquella puerta surrealista
que como un abismo
se extendía por el barrio.










Neil Houghton
Screaming But Unheard



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