lunes, 18 de octubre de 2010

El Regreso

          Realicé el viaje más doloroso de mi vida para cerrar un ciclo y surgió otro. La muerte de mi padre, el actor Rodolfo Jiménez Espinosa me llevó a La Habana después de 24 años de ausencia. Pude llegar a despedirlo y despedirme de la casa que construyó el abuelo. ¿La casa? Algún funcionario de cultura o algún militar se quedará con ella. Sé que tuve suerte, “alguien” me autorizó a viajar sin pasaporte cubano y a quedarme en la casa donde nacimos mi padre y yo. Ya no me pregunto quién logró el milagro. Milagro fue ver cómo transcurrió su vida en estos años, descubrir sus secretos, encontrarme con lo que había dejado inconcluso minutos antes de su muerte: Un libro sobre su sillón favorito, ropa sobre la cama, una próxima gira por Holanda, su perro Bompo -que por una semana vivió de las sobras lanzadas por vecinos-, arreglos caseros a medio hacer, reconocimientos y diplomas de cuando él creía que en Cuba había esperanza. Porque al final, mi padre supo que la suya fue una generación traicionada, supo que no valió la pena, que entregó su juventud a una causa perdida, que su sacrificio no fue para crear un país justo y libre. Llegar para cerrar un cascarón vació una casa llena de fantasmas, generaciones que vivieron y murieron en ella. Abrir gavetas, asomarme al pasado, reconocerme en los rincones, creer escuchar voces, siluetas... la memoria se abre y regresan los olores. Memoria olfativa, física: escalar el techo de la casa como si por unos segundos fuera el niño aquél. Encontré por todas partes nuestras huellas: en un árbol del patio, la puerta principal marcada por unos hoyos que yo mismo le hice en mis noches de parranda. Y fotos: de mis abuelos en Varadero -él viril, ella alegre-, tomando su comunión, de mí en sus brazos y de él como actor; vestigios de nuestras vidas. Abrir un baúl y descubrir mi uniforme, mis notas escolares, el tira piedras, la vieja armónica, el bastón del abuelo, un diario de mi viejo. Sus cenizas las esparcí en una ceremonia espontánea en nuestra Playita de 16, donde ambos aprendimos a nadar.




Foto: Víctor Jiménez
Entrada de la Bahía de La Habana


El Regreso fue publicado por primera vez
en tumiamiblog el 30 de agosto de 2008
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